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‘Smiley’, la nueva rom-com de Netflix que levanta pasiones y debates

La serie, que tiene como protagonistas a Carlos Cuevas y Miki Esparbé, ha sido el bombazo de la temporada con su historia de amor a partir de un emoji

Smiley llegaba a Netflix en pleno puente de diciembre ampliando así su catálogo LGTB (que este año ha sumado el gran éxito Heartstopper, la segunda temporada de Jóvenes altezas, La primera muerte y la serie Desparejado). Su nueva rom-com (basada en la obra de teatro de Guillem Clua) nos cuenta la historia de dos desconocidos que, por cosa del destino, o del hilo rojo, acaban conectando en una realidad llena de líos de una noche y aplicaciones para ligar.

Alex (Carlos Cuevas) es camarero, el típico gay cachas que tiene a todos los chicos que quiera, pero que esto le ha empezado a cansar y busca salir de su zona de confort. Un error al marcar el número de teléfono de su ex hace que, por equivocación, le deje un mensaje de voz de lo más peculiar a Bruno (Miki Esparbé), arquitecto y una persona que no disfruta tanto de seguir las modas y que se siente machacado por la vida.

Al más puro estilo Love Actually

Esta historia de amor se complementa con otras como la una pareja de lesbianas que busca abrir la pareja; Javi (Pepón Nieto), quien cree que por su edad y físico ya no está para encontrar el amor de su vida; Albert y sus conflictos dentro de un matrimonio monótono; y la vuelta del pasado de Alex. Siguiendo la tónica de grandes comedias románticas navideñas como Love Actually o Noche de fin de año, todas y cada una de las historias acaban enredándose y entrelazándose dando lugar a una trama en la que todos se conocen, pero ninguno parece saber nada del otro. Love is all around me.

Una versión más diversa del éxito de Richard Curtis que afirmaba hace unas semanas sentirse incómodo ante la poca diversidad que podemos encontrar en Love Actually y todas las comedias románticas de los 90 y principios de los 2000.

“Hay cosas que modificarías, pero gracias a Dios la sociedad está cambiando. Mi película está destinada en algunos momentos a sentirse anticuada. La falta de diversidad me hace sentir incómodo y un poco estúpido. Hay un amor tan extraordinario que sucede cada minuto de muchas maneras, en todo el mundo, y me hace desear que mi película fuera mejor”

Smiley cuenta con todos esos clichés que hacen de las comedias románticas un clásico que nunca caduca y que vemos con la misma emoción de siempre. Un centro neurálgico, que en esta ocasión es el Bar-Bero, en el que todas las historias acaban desembocando durante la última noche del año; un speech frente a un gran público para declarar tu amor; carreras por el aeropuerto para evitar un adiós y la leyenda del hilo rojo como telón de fondo durante toda la serie. 

El hecho de que toda la serie esté ambientada en el mes de diciembre solo la hace mucho más aesthetic a ojos del espectador. Una rom-com parece mucho más romántica si la Navidad está de fondo.

La serie, de ocho capítulos y poco más de media hora de duración, es un soplo de aire fresco con la Navidad como época del año seleccionada para su desarrollo. Las actuaciones de sus protagonistas (Cuevas, Esparbé y Nieto) son frescas, con cierto aire desenfadado, que resaltan mucho más gracias a un guion realista con referencias más que actuales que convierten a la historia en un espejo por el que mirar. Desliza a la derecha si te gusta y a la izquierda si no.

Un muy buen uso del lenguaje, que deja muy marcados los dos ámbitos tan diferentes en los que se mueven los protagonistas, y que deja al público consternado. En especial, con una escena en concreto que rápidamente se ha hecho viral en redes. Una metáfora sobre la cerveza, un guiño a la relación de Alex y Bruno, que promete dejar a todo aquel que vea la serie con el corazón en un puño.

Mientras que a Carlos Cuevas sí que estamos más acostumbrados a verlo en papeles similares, no veíamos a Miki Esparbé en una comedia romántica desde Barcelona, noche de verano (2013) y Barcelona, noche de invierno (2015)

El ritmo es el adecuado para una trama de estas características y el apostar por el formato de capítulos cortos solo la hacen más apetecible para un maratón en una tarde de sofá, manta y Netflix. Evidentemente, no es la historia más compleja ni con más giros que hemos visto este año, pero no deja de ser una buena rom-com hecha con cariño y admiración por el género.

Pero, no todo ha sido bonito en la recepción del público. Aunque la serie ha cosechado, en general, muy buenas críticas y comentarios en redes, el debate estaba servido. Llevamos un tiempo en el que, entre un mar tan amplio de voces como lo es Internet, parece que todas las producciones audiovisuales deben tener una moraleja, una enseñanza, y ser políticamente correctas con todo lo que se trate. Todo tiene que ser profundo y que de pie a grandes conversaciones intelectuales con vocablos sacados de una tesis doctoral. Y es en este contexto donde la comunidad gay de Twitter se ha polarizado y ha empezado una guerra en la red social del pajarito.

Los hay quienes reclaman una mayor profundidad en la historia y se quejan de la poca verosimilitud que puede tener la trama con el colectivo. Los personajes también han sido puestos en entredicho al presentar roles muy marcados y estereotipados que flaco favor hacen. El personaje con un cuerpo menos normativo (odio decir esto) es el que más pluma tiene, el que parece salido de Drag Race y al que peor le va en temas amorosos, mientras que el cachas poco culto, cuya última película ha sido Frozen, solo busca líos de una noche con otros cachas de gym.

Meritxell Calvo (Pulsaciones), Giannina Fruttero (Ema), Eduardo Lloveras (Si lo hubiera sabido), Ruth Llopis (Apagón) y Ramón Pujol (Maricón perdido) completan el reparto de la nueva comedia romántica LGBT de la plataforma

La relación lésbica es casi anecdótica, un pego a la historia principal para que el personaje de Carlos Cuevas tenga con quién desahogarse. Y todo esto sin hablar de que el colectivo transexual no está representado. Todo este debate, esta conversación, es aceptable en el punto de que para eso se hacen series o películas, para dar de que hablar y crear lazos entre el público que ve y comenta. Pero, ¿no podemos, a veces, simplemente disfrutar de una bonita historia de amor irreal? (como hacemos cada fin de semana con los telefilms navideños). Al final es el objetivo de toda serie o película, están muy bien los largos dramas históricos que nos enseñan el valor de las cosas, pero también están muy bien las series planas, fáciles, que sabes cómo van a acabar desde el minuto 1. Smiley tiene todo lo necesario para ser puro entretenimiento en época festiva: buenos actores, historias de amor enlazadas, buena música, luces de Navidad y un despilfarro de camisetas de tirantes.

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